Acabo de leer «Una carta para Tito», de Evelina Mast de Hege (traducido por Mario Jiguán, ilustrado por Peter Balholm). Es un libro de la Colección Joyitas y vale este propósito:
«La meta de los publicadores es: publicar libros que destaquen modelos de perfección, que dejen buenas moralejas, que se conformen a las sagradas Escrituras, que formen un firme carácter cristiano y que despierten un buen interés en los niños en cuanto a la lectura.»
En numerosas ocasiones hemos abogado, en unión a muchos colegas, por la literatura infantil centrada en el entretenimiento, en el papel lúdico y en la ausencia de moraleja, convencidos de que la buena literatura no necesita estar aleccionando a los lectores porque ella misma genera reflexiones y aprendizajes que se incorporan al mundo interior del lector. No niego que tengo cierta aprensión frente a ciertas propagandas creadas para manipular.
Debo decir de esta obra que a pesar de su propósito remarcado en la meta arriba descrita y que aparece en su contraportada, tiene las características de los textos que se encuentran en la Biblia, en los cuales predomina la anécdota, la narración y la parábola. El mensaje se da a través de la trama con claridad e inteligencia y es ameno dentro de su sobriedad.
Hay un mundo inmenso en publicaciones de este tipo y tener los sentidos abiertos nos enriquece aún más ante las elecciones de las personas.
Por Leibi Ng

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